Fernando Quintanilla
Técnica:
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los colores van formándose sobre el soporte por reacción de los distintos compuestos químicos que se van añadiendo en su superficie.
El soporte elegido es cartulina plastificada, que por sus propiedades
Biografía
Desde sus comienzos como grafitero y muralista en las calles de su Madrid natal, Fernando Quintanilla ha querido eliminar los límites que nuestra cultura ha impuesto entre el artista y el artesano. Hoy en día, tras su aprendizaje de diversos oficios artesanales y nuevos procesos materiales, está, literalmente… corroyéndolo



La pintura de Quintanilla resulta tan sugerente como concreta, tan sencilla como inasible, tan matérica como conceptual, y nos hace sentir que estamos ante un artista que, pese a su juventud (1980), atesora conocimientos antiguos y profundos que entrega con alegría y sin tapujos a su público.

Con la ejemplar humildad de un artesano, Quintanilla enraíza su particular estilo en necesidades técnicas de la época en que trabajó como ebanista, que lo llevó a investigar con diversos tipos de reacciones redox (reducción-oxidación) para obtener efectos de coloración y envejecimiento de la madera. Pronto se dio cuenta de que esas técnicas podían generar diversas texturas y una gama de colores más libre y relativamente aleatoria que la que se puede conseguir con materiales más tradicionales como óleo y acrílico. Así, se ha ido alejando de técnicas pictóricas clásicas para lograr una paleta que existe únicamente sobre el propio soporte y en la que colores y formas no están aislados netamente entre sí, sino que se van formando de manera armónica y fluida por la interacción de los diversos productos químicos (ácidos, anilinas, nitratos, fenotaleinas, tartratos...)

De este modo, el pincel se convierte no en un medio de aplicación, sino de contención y guía, algo así como un «buen pastor» que reconduce los fluidos sobre la tabla sin constreñirlos dentro de unas líneas y trazos precisos, alejándose del dibujo y llegando a través del tiempo (los procesos de oxidación y corrosión requieren que el artista se detenga y observe, que espere el momento adecuado en que el proceso químico ha agotado su curso natural para seguir buscando el cuadro) a esas sugerentes y difusas formas que bailan entre lo abstracto y lo concreto. Es un procedimiento que, como el de los maestros de la tinta japoneses, requiere de la humildad del artista ante su medio para alcanzar el resultado correcto, una delicada y espontánea fusión entre el deseo y la realidad.

Texto: Julio Reija
1 comentario

Guillermo de Torres says:


20 de mayo, 2013
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